El escenario representaba una colisión entre un autobús y un coche, con varios heridos que necesitaban ayuda urgente.
Nuestro papel en este ejercicio no era el de profesores, sino que interpretábamos a heridos o afectados que no hablan alemán, sino sólo su lengua materna. La idea era poner a prueba a los servicios de emergencia en una situación más realista, en la que -además del estrés de un accidente- también tuvieran que superar el reto de la barrera lingüística. Con la ayuda de un guión facilitado por la policía, pudimos representar con el mayor realismo posible las distintas reacciones y necesidades que pueden surgir en un accidente de tráfico.
La mañana comenzó en el punto de encuentro, donde todo estaba preparado para que la escena pareciera lo más real posible: vehículos dañados, humo, gritos y mucha gente haciendo de víctimas. Uno a uno, los bomberos, la policía y el equipo de rescate comenzaron sus operaciones. Fingimos no entenderles y reaccionamos como lo haría la gente en una situación tan estresante si no hablara el idioma: nerviosos, gesticulando y confusos.
Fue muy interesante ver cómo los distintos equipos conseguían calmarnos, comunicarse con nosotros y proporcionarnos la ayuda que necesitábamos, a pesar de todas las dificultades. El ejercicio demostró claramente que, además de los conocimientos técnicos, la empatía, la calma y la creatividad también son cruciales para resolver problemas en una situación de emergencia.
Al final del ejercicio, todos coincidieron en que había sido una experiencia muy interesante y valiosa. Para los servicios de emergencia fue un reto nuevo y extremadamente útil, y para nosotros fue una oportunidad de hacer nuestra pequeña contribución para garantizar que quienes nos mantienen a salvo estén aún mejor preparados.
Sin duda, fue una mañana intensa, especial y muy instructiva que nos dejó a todos la sensación de haber aprendido algo importante.
Sergio Escañuela - Profesor de español